lunes, 4 de marzo de 2013

Let it be


Todo tiene un final. Nada es para siempre. Y por ello llegó el momento de decirle adiós a mi hogar por los últimos 2 meses.


Ya me estaba picando el bichito de salir a conocer, a pesar de mi comodidad de Paihia. Salir de este sitio de “confort” en donde uno conoce y sabe manejarse, y salir a descubrir lo nuevo, lo extraño y dudoso. Pero ese mismo terreno donde la incertidumbre te llena de la adrenalina necesaria para descubrir, conocer, dejarte sorprender. 



"Dejarte sorprender", lo mejor que te regala el viajar... Sin relojes que limiten tiempos, sin lugares que te aten, sin personajes que te cuestionen, pero con personas que te enriquezcan, en tantos sentidos,,,

Terminado el Waitangi Day, y habiendo anticipado a mis trabajos que me iba, emprendí el arte del hichiking, o del dedo!! Que mejor forma de emprender un viaje improvisado por la Isla Norte, que arrancar esperando en la ruta que un alma caritativamente simpática te levante. La suerte que hubieron 3 de estas almas y poco tiempo para el arte.

Mochila al hombro, me llevo de Paihia sonrisas compartidas y miradas cautivantes. Muchas historias, y otras tantas imágenes guardadas en mi retina.


El día de la '¿independencia?


El 6 de febrero de 1840, donde era la residencia del gobernador inglés James Busby en Waitangi, se firmó un tratado de paz, entre los Jefes Maorí y los representantes del gobierno de la Reina Victoria. Tratado que recorrió el país, y fue adherido con sus firmas por otros jefes Maorí.

Dado que los ingleses no pudieron conquistar por la fuerza esta tierra (los Maoríes eran más fuertes físicamente), llegaron a un acuerdo. Claro está, que cada grupo lo interpretó a piacere. 

Los Maoríes entendían al tratado como un acuerdo en donde los ingleses reconocían que NZ era tierra maorí, pero que gentilmente los maoríes invitaban a compartir, respetando su tierra y tradiciones.

¿Qué creen que interpretaron los ingleses? Por supuesto, que habían conquistado NZ y los Maoríes

Hoy, en Waitangi, la Treaty House, es un museo dónde se exhibe una copia del tratado, y donde se festeja año a año este acontecimiento.

Tuve la suerte de estar allí el último 6 de febrero.

Completamente, una fiesta Maorí. Me dio la sensación que para los “Kiwi” (que vienen a ser los neocelandeces descendientes de ingleses) no representa nada, más que un feriado. 

Traté de hacer una analogía en mi cabeza, y ¿vendría a ser un 25 de Mayo para nosotros?  

No sé. Todavía estoy tratando de hacer la analogía y entender por qué para los kiwi no representa lo que para los maorí. Pero… ¿no es que son todos Neocelandeces? Evidentemente, si bien están muy integrados a la sociedad (no así nuestros pueblos originarios) hay un cierto recelo.

Lo que sé es que fue un hermoso día donde pude compartir toda la cultura Maorí en el seno del acuerdo. Comidas típicas, danzas, cantos, gritos, saludos. 

Afortunadamente, probé el Hangi, la comida típica Maorí, que se cocina debajo de la tierra. Es algo así como el curanto. Choclo, Papa, Batata, un mix de carnes… Muy sabroso!!!





Tuve más suerte, y escuché unas hermosas canciones a cargo de las mujeres y ví toda la energía masculina concentrada en su grito de guerra, el Haka. Quedé completamente asombrada con el sentimiento que le ponen a todo esto,  energía, y la pasión. 



“Ngatokimata whaorua”, canoas de guerra gigantes (de 35 mts) construidas con 2 troncos gigantes de Kauri, con las que vinieron de la polinesia y descubrieron esta nueva tierra tantos años atrás, y sus gritos de guerra…







Un día muy especial. Enriquecedor. Compartiendo culturas.



El fin... o el comienzo!


Uno de los viajecitos que desde que llegué a Northlands quería hacer...  
Aquel lugar, donde las aguas calmas del Océano Pacífico se encuentran con el agitado mar de Tasmania.
La magia que la naturaleza nos regala, la sensación de sentirse en el fin del mundo, donde la buena  energía te rodea y contiene.



Las aguas se descubren y danzan juntas, se reconocen.
Se tocan, pero no se mezclan. Son uno y otra.

Según la cultura Maorí, en “Te Rerenga-Wairua” (Cape Reinga) en dónde se encuentran “Te Moana Tapokopoko a Tawhaki”, las turbulentas aguas masculinas del mar de Tasmania, con “Te Tai o Whitirela” las calmas y femeninas aguas del Océano Pacífico. Los remolinos donde las corrientes que se chocan son como aquellos que danzan para despertar a la "waka" (canoa). Ello representa la conjunción del hombre y la mujer, y la creación de la vida.
En la punta norte de la península de Aupouri, exactamente a los 34°25.7' de latitud sur y 172° 40.6' de longitud este, llegamos al fin (o el comienzo) de NZ.



Inmensidad. Paz. Energía. Pequeñez.



lunes, 11 de febrero de 2013

Todas las hojas son del viento


Luego de dos meses viviendo en Paihia, asomaron las ganas de tomar otros rumbos, dejarse llevar por el viento y descubrir nuevos paisajes.

Dejo atrás un lugar que me abrió las puertas de par en par y me refugio en un cálido abrazo durante mi desembarco al otro lado del mundo. Pero para crecer, hay que salirse de la zona de confort y buscarse en lo desconocido.

Allí voy…

Con la idea de instalarme en la Isla Sur para buscar mi próximo trabajo, el trayecto hacia la misma me encontrará con algunos lugares para conocer.

Primera parada Waiheke Island.
Rara. Magnética. Hippie Chic.

El aire que se respira en esa isla me mantuvo inquieta. ¿Cómo describirlo? Hay gente que llega, se enamora de la isla y se queda a vivir. Me crucé con tres de este espécimen. Mi caso fue todo lo contrario. Una energía absorbente, una vibra rara, no me permitieron admirar de tal forma el paisaje. Quienes vieron Lost, ¿podrán entender qué me hizo recordar a esta isla?
Sin más, el hecho es disfrutar. Y lo hice desde una carpa, sin colchón ni bolsa de dormir, pero con una sonrisa. Si había que aventurarse a estos nuevos rumbos, heme aquí!!

Próximos destinos:  Coromandel, Mount Maunganui, Rotorua, Taupo, New Plythmont, Welligton. Fin de la Isla Norte.

FOTO: El Stress que me genera viajar

martes, 29 de enero de 2013

De aquí y allá

De Argentina, a Nueva Zelanda.
De los pasillos del Ministerio de Educación, a la cocina de Frank's.
De los simuladores salariales, a las pizzas caseras.
De la preocupación por no errar en algunos millones, a no errar en los ingredientes.
De las horas usando la cabeza, a las horas usando el cuerpo.
Del dolor de cabeza, a los cortes en (todos) los dedos.
Del vestidito con chatitas a la joggineta con zapatillas.
De la mañana a la noche.

Todo cambia de un momento a otro.


Nadie sabe quién es Frank, pero yo lo descubrí!!

Imaginaba que era más divertido generar un producto que un servicio. 
Muchas veces me dije, quiero trabajar en algo que pueda ver el resultado en "algo" (dígase una cosa).
Ni tan lejos, el cambio se produjo bastante rapidito en una combinación de producción de bienes y servicios. Y si, multiuso, el fruto de mi trabajo no son solo "bienes" como pizzas, sino "servicios" como la limpieza.

Aprender de una (genia) maorí. 

Conversar, practicar el idioma y reír con un kiwi. 

Conversar, practicar el otro idioma y conspirar con un italiano y criticar a los dueños!! - aclarando que son de aquellas personas que no se les cae una sonrisa ni por casualidad - 

Sonreír siempre, clave de la hospitlity.

Bailar y cantar mientras cocinas.

Conocer constantemente gente, charlar con ella, tomar el pedido, no entender que dicen, pero reírte con ellos y seguir igual!!

Compartir el "great working team" con un viejito de ochentitantos con mas energía que algunos de veintipocos.


Tenia que poner la foto de Freddy!!

Menos mal que de un ministerio o de una cocina, lo que a uno le queda es la gente!!

La contracara

No todo es rutina. 
Cada tanto, la improvisación me sorprende, para dar lugar a la diversión, esos momento que marcan la diferencia, y dejan en saldo positivo el hábito.

Mañanas deportivas, respirando aire de mar, fresco y sereno.

Delfines juguetones, amigables, saltarines, nadadores. Increíbles.
Creo que uno de los deseos de pequeña era nadar con la delfina Flopi, de Mundo Marino. 

Cama elástica, aniñada, voladora, maeleable.

Viajes cortos, caminos largos, y dos patas intrigadas.

Y una hoja siempre en blanco, esperándome.

Dos Meses

El tiempo pasa volando. Pasa y no espera. Pasa y mientras que uno se habitúa al nuevo ritmo de la vida, el tiempo se escurre entre las manos.

Parece mentira que hace un poquito más de dos meses cruzaba las puertas de Ezeiza para emprender una pequeña y gran aventura.

Hace tiempo que no escribo. Tiempo que dedique en habituarme a la vida de working holiday, durante el cual me fui instalando y "achanchando". 

Desayunar, trabajar por la acomodación. 
Almorzar, trabajar por la manutención del bronceado, entre otros.
Merendar, trabajar por los próximos destinos a conocer.
Cenar, y no trabajar!!

Así pasan los días, y los animales de costumbres nos vamos poniendo cómodos, muy cómodos en nuestras rutinas, que al ser rutinas, se vuelve aburridas al (muy) poco tiempo.
La contradicción de la comodidad del hábito y su fastidio.

Me aburrí, me cansé de la rutina. Me llegó la hora de volver a conocer, de dejarme llevar por nuevos vientos que encuentren otros rumbos. Puede que me depositen en nuevos destinos rutinarios. Esperemos que la magia de la espontaneidad me siga acompañando.